La mala educación

27 septiembre 2010

He decidido poner como título “La mala educación” en lugar de “Educación de mierda” porque es más fino, aunque lo otro sería más exacto.

Como bien saben todos los padres, septiembre es un mes muy alegre y dicharachero porque los críos empiezan el colegio y eso supone un desembolso importante. Sin contar ropa, cuadernos, lapiceros, etc., varios cientos de lereles se van únicamente con los libros de texto. Libros de texto que no sólo no pertenecen al colegio y los alumnos reciben como préstamo (algo que ocurre en muchos países), sino que ni siquiera pueden pasar del hermano mayor al pequeño (como se hacía antes) porque las editoriales realizan pequeños cambios todos los años, obligándonos a comprarlos de nuevo.

Lo menos que podemos exigir es que dichos libros de texto tengan un mínimo de calidad, ya que se supone que son la base de la formación de los que nos van a pagar la pensión nuestros hijos. Lejos queda ya la época en que en un examen de matemáticas te bajaban la nota si tenías faltas de ortografía, lo que obligaba a los alumnos a tener algo de cuidado con lo que se escribía. Pero que los propios libros de texto estén plagados de errores creo que es demasiado.


Vale, supongo que en un libro para críos de tres años cosas como “sobretodo” en lugar de “sobre todo”, que me separen el sujeto del predicado con una coma o que haya frases simplemente sin sentido, entre otras cosas, no va a influir directa y definitivamente en las mentes de los enanos, pero sí me dice mucho de las editoriales y del cuidado que ponen en sus productos.

Para un alumno el libro de texto es en cierta medida como los diccionarios: si hay algún error en ellos, ¿cómo lo sabrá?

Anuncios

¿Que qué?

15 febrero 2010

Acabo de terminar de leer la excelente novela La mujer de verde, de Arnaldur Indridason. Un libro totalmente recomendable, pero que tiene en una de sus páginas una pifia que ya he visto en más de un sitio:

¿Qué mi hermana fuera una pelandusca?

No hay que ser tan radical… La norma que nos enseñaron de pequeños (“en una interrogativa o exclamativa, ‘que’ se escribe con tilde”) es una generalización que, como todas, tiene sus excepciones.

Como no soy lingüista, ni profesor, ni nada de eso, no sé explicarlo bien. Digamos que, si en una frase puedes añadir algo parecido a “no sé” delante del “que” y quitar las interrogaciones, entonces el “que” lleva tilde. Pero si lo que se añade es algo como “me estás diciendo”, “insinúas” o similar y la pregunta sigue teniendo sentido, entonces ese “que” va sin tilde?

Si alguna persona normal lee estas líneas y sabe explicarlo hablando de conjunciones, pronombres y esas cosas que se aprenden en la escuela, adelante. Y para el que lo prefiera, aquí os paso los enlaces del Diccionario panhispánico de dudas relativos al que y al qué.


Pifias… de libro

17 diciembre 2009

Opá, que es un tío que lee mucho, me ha pasado esta doble pifia de El librero de la Atlántida, de Manuel Pimentel.

Vamos con la primera:

No sé si es error del autor, Manuel Pimentel, o del corrector, humano  o informático, pero es muy frecuente la confusión entre “pulla” ( palabra o dicho obsceno, humillante o picante) y “puya”( punta acerada de la garrocha del picador o la propìa garrocha). En este caso el contexto nos indica claramente que debería ser “pulla”. Se me ocurre un truco casero para saber cuál utilizar en cada ocasión: la puya hace daño físico y la pulla, psicológico.


Sí señor, una pifia de libro (je, je, je). Vamos con la segunda:

También es un error muy frecuente sobre todo en el lenguaje hablado y perpetrado por muchos presentadores y locutores que contribuyen poderosísimamente a afianzar errores de este tipo en los oyentes.

“Tuya”, según la terminología que yo estudié, es adjetivo posesivo femenino singular y, como tal solo puede ir acompañando a un sustantivo femenino singular. “Detrás” no es sustantivo y, por supuesto, no es femenino singular, por lo que no sé en base a qué  criterio se ha puesto tuya y no tuyo o tuyos o tuyas.


En el Diccionario Panhispánico de Dudas tienes otra explicación de este error. Pero no estoy muy convencido de que sea estrictamente un error, ya que al tratarse de parte de un diálogo es posible que el autor esté utilizando una expresión propia del entorno en que se mueve el personaje que la pronuncia (detrás mío/tuyo/etc. se utiliza mucho en determinadas zonas de España). De no ser así nos encontramos ante otra pifia de libro 🙂


Una traducción muy “savia”

23 noviembre 2009

Como ya dije aquí, para traducir un libro no basta sólo con saber el idioma original. Otro problema editorial actual, tanto en el caso de los libros como en el de los periódicos, es que ha desaparecido la figura del corrector. Mucha gente confía demasiado en el corrector automático de los programas de edición y tratamiento de textos. Pero a dichos correctores les falta (hoy por hoy) una cosa: inteligencia.

El caso que presento a continuación es una buena muestra de ello. Está extraído de El Juego de Ender, de Orson Scott Card, primer libro de la que quizá sea la segunda mejor saga de ciencia ficción después de la Fundación de Isaac Asimov.

sabia vs. savia

Efectivamente, cualquier corrector automático considerará que sabia es una palabra correcta, aunque en este caso es una burrada como la copa de un pino, ya que estamos hablando de la savia de una planta.

Del mismo modo, los correctores automáticos no distinguen el contexto de una frase para diferenciar entre baca y vaca,  basto y vasto, y tantas otras…


Grabando, gravando…

25 junio 2009

Al igual que ocurre con la ge y la jota, la be y la uve pueden ser muy puñeteras cuando quieren. Baca y vaca, basto y vasto… El caso que nos ocupa hoy está extraído de un manga muy recomendable, ya antiguo, que he descubierto hace poco: Asa, el ejecutor, de Koike Kazuo y Kojima Goseki. Si os gustan las historias ambientadas en el Japón feudal con algo más que lucha de katanas y chorros de sangre, dadle una oportunidad.

Hacienda somos todos

Hacienda somos todos

Grabar es, entre otras cosas, lo que hacemos con nuestra música y películas, que aunque no le haga gracia a “algunos”, es perfectamente legal.
Gravar, por el contrario, es lo que nos hacen a todos y que, en general, nos produce la misma risa que una patada en el escroto…


Diferencia entre pifia y gazapo

30 marzo 2009

El otro día uno de mis amigos imaginarios me dijo que el nombre de este humilde blog está muy bien, pero que qué diferencia hay entre pifias y gazapos. Tras meditarlo, he llegado a dos conclusiones. La primera es que necesito amigos de verdad. La segunda, que no vendría mal un post didáctico sobre gazapología.

Dice la RAE que pifia es un “error, descuido, paso o dicho desacertado”. Gazapo, por otra parte, es el “yerro que por inadvertencia deja escapar quien escribe o habla”. Así dicho, parece que la pifia es algo general y el gazapo se limita más al lenguaje, bien sea hablado o escrito. Las barbaridades que se ven en Photoshop Disasters, por ejemplo, son todas pifias. De modo que la mayoría de errores que consigno en este blog serían gazapos.

Sin embargo, y a título meramente personal, yo siempre he considerado el gazapo más producto de la mala suerte y la pifia algo propio de una defectuosa conexión neuronal. Una errata es un gazapo; una falta de ortografía, una pifia. Veámoslo con un ejemplo práctico. Ahora mismo estoy leyendo “La Gran Pesquisa”, del genial Tom Sharpe. Y me he encontrado una pifia y un gazapo con el mismo protagonista: la tercera singular del p.p.s. de andar o anduvo:

Esto es una pifia

Esto es una pifia

Y esto es un gazapo

Y esto es un gazapo

Y como para gustos, colores, aquí debajo tenéis un formulario para opinar sobre si esta diferenciación entre pifias y gazapos os parece correcta o si creéis que debería ser de otra forma. O si os importa exactamente un bledo, que sería lo más lógico.


Prever + proveer = “patá” en los ojos

5 diciembre 2008

De entre las muchas burradas que aparecen a diario en todos los medios, ésta es una que duele especialmente: en una demencial fusión de los verbos prever y proveer, ha surgido uno nuevo, preveer, para consternación de todos.

Aunque es una pifia que suele aparecer en en lenguaje oral, de vez en cuando se encuentra uno una perla escrita como la siguiente:

¡Argh! ¡Qué dolor!¡Argh! ¡Qué dolor!

El libro, “Los lobos del águila” (ed. Edhasa), forma parte de la serie escrita por Simon Scarrow que narra las aventuras de un legionario a lo largo y ancho de un Imperio Romano en su época de mayor esplendor. Una saga totalmente recomendable… incluso a pesar de ejemplos como éste, que nos muestran que, para traducir un libro, no basta sólo con saber inglés…

P.d.: Prever es igual que ver, pero con un “pre” delante. ¡Con lo sencillo que es decir previendo!